miércoles, 11 de noviembre de 2015

Estado de bienestar

Nuestro corresponsal desde el otro lado de la cordillera, Dani Marius, estuvo en el Estadio Nacional de Santiago y vio a Peral Jam. Aquí la crónica de un show para el recuerdo. 

Dicen que la edad y los años traen cosas buenas, que uno pasa los 30 o 40 y como que ya sabemos mas o menos quienes somos, donde estamos parados y qué camino seguir. Arrastramos virtudes y defectos o esos defectos ya los hemos convertido en virtudes o visceversa, atravesamos períodos críticos y nos levantamos para seguir. Pearl Jam representa eso, la historia de gente que tuvo sus vaivenes, que lidió con una fama mundial instantánea, que supo levantarse y, ya liberados y con cierta edad, disfrutan del presente. A 10 años de su primera bajada a Sudamérica parecen estar cada vez mejor, con todas las luces y con un añejado perfecto.

En 2005 vi a Pearl Jam en la ciudad de Buenos Aires en su primera gira sudamericana. En aquel momento fui a ver a la gran banda sobreviviente del Grunge pero me encontré con una banda madura, ¿sobrevivientes del grunge?, sí, pero mucho mas sobrevivientes a ellos mismos. Las perores crisis pueden liquidarte o te pueden hacen resurgir… y estos tipos resurgieron con fuerza y determinación.

Por esos tiempos, Eddie Vedder  ya cambiaba sus saltos de diez metros por emotivos homenajes a Jhonny Ramone y una machacante prédica anti Bush. Puedo ser anti Bush y llorar a mi amigo facho y eso no me provoca ningún conflicto, pensaría Eddie aquella noche en cancha de Ferrocarril Oeste. Es que luego de atravesar avatares como la tragedia de Copenhague, su guerra a la industria de la música que casi los liquida por finales de los 90, y tantas otras vicisitudes, en aquel 2005 se los veía revitalizados y andando.



Si así de vitales, enteros y emocionales estaban hace 10 años, imagíneselos ahora ya cincuentones: Eddie Vedder ya no se tira al público como en sus años mozos, Stone Gossard ya muestra alguna arruga y Mike McCready tiene mas pinta de un ingeniero agrónomo que de violero de una de las principales bandas de rock del mundo. Sí, los años pasan, pero traen cosas buenas también y en el caso de estos señores, luego de casi tres horas de recital, traen la confirmación del sitial de privilegio que ocupan en el mapa rockero mundial. Eddie Vedder ya no peludea tanto, sí saborea tranquilamente una botella de vino pero el añejado perfecto parece tenerlo la banda.


El Estadio Nacional de Santiago era el lugar y quizás desde el metro cuadrado donde Cavani recibió tacto rectal o desde donde Diego Aguirre metió ese histórico zurdazo cruzado (espero esto último), se visionaba un escenario ampuloso en luces y puesta en escena, algo no muy común de esta banda y un estadio repleto de publico de todas las edades, varias generaciones entremezcladas. Familias, padres de 50 e hijos de 17, parejas jóvenes y no tanto, algún viejo, variado panorama etario y muy variado el set list que tuvo mucha diversidad y poca sorpresa vale decirlo, con la fuerte y obvia presencia de Lightning Bolt, el disco de 2014 que presentan en esta gira y los temas esperados de siempre.



Apenas pasadas las 21:00 horas. largaron, algo lento y tranquilo de arranque con "Pendulum", "Release" y  "Nothingman". Vedder es un frontman versátil, técnicamente bueno, con estilo propio, además escénicamente es fuerte, conmueve, se emociona, llora y hace llorar pero también te puede patear el culo y con "Go" hace reventar el estadio.

La noche avanza, Matt Cameron (quizás el que parece no le pasa el tiempo) suena aplastante en los parches como nunca, en "Rearviewmirror" de Vs. (1993) parte cabezas sin dudas. En "State of Love and Trust" rompe todo la dupla McCready-Gossard. No hay sorpresas en el set list, pero pareciera que los hits de Ten (1991) siguen marcando a la gente de manera especial y suena "Even Flow" y se desata la locura total. Es que ya no hay conflicto con el éxito y la fama, la banda no quedó anclada ahí como le pasó a tantos otros artistas que terminaron odiando sus propias creaciones, ellos hoy lo disfrutan a full y esa atmósfera de buena onda se replica del escenario al publico en general.

Sabido es que Eddie Vedder conecta de manera especial con el publico, maneja los tiempos, se acerca a la gente, intenta leer mensajes en un español rustiquísimo (diría que diez años después su pronunciación continúa en nivel Pintos Saldanha),  ¡pero qué importa!, si al tipo se lo ve feliz y agarra la Telecaster y aclarando lo malo que cree ser con la viola larga "Sirens" de Lighting Bolt. Toma su botella de vino, sonríe, se toma un descanso y vuelve con  "Just Breathe" y emocionado mete el cover de "Mother" de Pink Floyd, empieza a lagrimear pidiendo homenajear a alguien que ya no está y se despacha con una emotiva versión de "Imagine" de Lennon, el Nacional tupido de luces de teléfonos, Eddie llora, hace llorar y enseguida viene el hit "Black",  las acciones de empresas de pañuelos desechables siguen en alza… Pero esta gente también es visceral y hits como "Do the Evolution" y "Porch" lo dejan bien en claro y el estadio detona.



La noche va llegando a su fin, ya casi tres horas a toda máquina pero hay tiempo para más, "Better Man" (clásico infaltable) y Eddie comienza a despedirse de a poco, como queriendo saludar de a uno a todos los presentes, se arriman al borde del escenario Gossard, McCready y Ament, "Rock in a Free World" de Neil Young (pero casi de ellos podríamos decir a esta altura), Matt Cameron empieza a regalar palos, exhausto Eddie baja a saludar a los fans que resistieron estoicos en primera fila y cierran como al comienzo, lento con la hermosa "Yellow Ledbetter" y los tipos se van sonrientes y radiantes, los 50 mil presentes más.

Hace veinte años, Pearl Jam intentaba por todos los medios huir de su fama mundial e incendiar todo. Hace diez años, se revitalizaban y resurgían, hoy parecen estar en el lugar mas cómodo, maduros, sabedores del sitial que ocupan y orgullosos del pasado. Viéndolo en perspectiva, pareciera que aprendieron realmente a disfrutar de lo que hacen con el correr del tiempo, ya no hay peros, no hay cuestionamientos, ya no hay sueños idílicos de juventud, atrás quedaron los malos tragos, hoy el trago está añejado y Pearl Jam lo disfruta, nosotros más.


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